Elena Ryder: vivir para investigar – ENTREVISTA


Editora: Profa. Loly Añez
Redacción: Vanessa Chacín

Próxima a cumplir 75 años de edad, la docente sigue asistiendo todos los días al Instituto de Investigaciones clínicas, tal y como lo ha venido haciendo en los últimos 50 años, aunque viajar por todo el mundo en su segunda pasión. Sus trabajos sobre el síndrome metabólico y la relación de la insulina con la hipertensión son pioneros en el país.

En un baño de la Universidad del Zulia, dentro de la Facultad de Medicina, hace más de cinco décadas nació el Departamento de Investigaciones Clínicas dirigido por el Dr. Américo Negrette y junto a él, todavía estudiante y con 20 años de edad, la investigadora Elena Ryder. Constante, asiste aun todas las mañanas a la sede de lo que hoy es el Instituto de Investigaciones Clínicas: su vida.

―En sus años como estudiante, por el 62, usted se entrenó en el IVIC…

―Bueno… ya después de graduada como Médico Cirujano, el Dr. Américo Negrette, que fue nuestro profesor, nos estimuló para que nos dedicáramos a la investigación. En esa época el único centro importante de investigación era el IVIC… era lo máximo. Y, además, el director, el Dr. Marcel Roche, fue súper generoso porque aceptaba estudiantes de otras partes, de todas las universidades, sabiendo que no nos íbamos a quedar en el IVIC, sino que íbamos allá a aprender y después a regresar porque ese era el compromiso: regresar a nuestras universidades originales. El Dr. Américo Negrette hizo ese compromiso con el Dr. Roche: “Ustedes los forman, pero me los regresan para acá”, porque él quería que el instituto creciera. “Bueno, ustedes se van a formar, ¿qué quieren ser?” y yo si dije: “Yo quiero ser bioquímica”.

―Allá estuvo bajo la tutoría de Karl Gaede, catalogado como el padre de la bioquímica en Venezuela, ¿lo considera un mentor?

―Si, así fue. Luego me recomendó que me fuera a Alemania a seguir estudios, pero yo prefería ir a los Estados Unidos. Entonces Gaede habló con el Dr. Severo Ochoa, Premio Nobel de Fisiología y Medicina que trabajaba en la Universidad de Nueva York y le dijo que tenía a alguien que quería trabajar en enzimología, porque eso es lo que yo estudiaba. Ochoa, como estaba más dedicado a estudiar el ADN recomendó que trabajara con otro investigador de su equipo dedicado a las enzimas. Esa persona fue mi otro gran mentor: Daniel Lane*. Estuve con él dos años trabajando con una enzima recién descubierta y logramos publicar muchísimos trabajos―que hasta ahora han sido citados alrededor de 500 veces, según memorias recopiladas en el libro 50 años del Instituto de Investigaciones Clínicas “Dr. Américo Negrette”―.

―Toda ciencia tiene su aplicación. No puedes decir que existe una ciencia inútil.

Elena Ryder cuenta y observa. Habla como si se dirigiese a alguien de confianza y relata minuciosos detalles acerca de sus experiencias. Su memoria, al igual que su rostro, no está afectada por la edad y en momentos evoca tantas anécdotas que sus ideas parecieran fluir hacia varias direcciones… alejarse, enredarse.

―En mis inicios hice una bioquímica básica. Estudié las enzimas, cómo están estructuradas, cómo funcionan… Después de estar dos años y medio en el IVIC y dos más en Nueva York, regresé y como estaba trabajando en esa enzima particular, comenzamos a hacer estudios básicos con animalitos… Con el tiempo encontramos que estas enzimas tenían que ver con el metabolismo de la grasas. Yo no sé si porque mi mama tenía diabetes… me interesé en hacer algo más clínico. Buscamos humanos diabéticos y obesos, porque tienen problemas con los lípidos y los carbohidratos… En 1988 me asocié a un grupo de nutricionistas, médicos, practicantes para estudiar la diabetes. Desde ese momento comencé a trabajar en investigación clínica propiamente.

― ¿Qué opina de la intervención del Gobierno en el IVIC.

―Que es como todas las cosas que se están haciendo en la política. Quieren cambiar todo con una estructura populista y es lo que también quieren hacer con las universidades. Según ellos, socialismo es que todo el mundo está igual, pero pareciera que todo el mundo está igual, pero por debajo. No hay aspiraciones de hacer cosas realmente de valor, de importancia, que tengan repercusión… que si las brujerías y los conocimientos populares de la gente…Bueno, para estar en la onda científica mundial uno tiene que andar ahora por otros niveles. Pero es curioso porque el gobierno está repartiendo1 canaimitas por todas partes y tecnología y pone no sé cuántos satélites, pero no le interesa atender el sistema educativo… por ejemplo, yo estoy asombrada de lo que dicenpor allí que en bachillerato no ven materias como química o matemática porque no hay profesores, entonces se aprueban con las notas promediadas promedian. ¿Cómo una persona va a llegar a estudiar medicina sin haber visto química?¡Eso no puede ser!―dice con las manos en el rostro―¿Un ingeniero que no haya visto matemática? ¡Eso es una cosa increíble!…

―Volviendo a sus trabajos publicados, que en total son más de cien, ¿cuál cree que ha sido el más relevante?

― ¡Uy!―exclamó para dar entrada a una pausa―Yo creo que fue… el inicio… Mucha gente estudiaba la diabetes, pero en el Instituto fuimos los primeros que empezamos a hacer los estudios de lo que hoy se conoce como el síndrome metabólico. Yo en una conferencia oí eso y comenzamos…. Fuimos los pioneros, yo diría que en Venezuela. Sobretodo fuimos los primeros que estuvimos relacionando la insulina con la hipertensión arterial y ahora todo el mundo ya lo sabe.

―¿Y cuál fue el más difícil?

―El primero que hice cuando regresé de Estados Unidos, porque las condiciones no estaban dadas. Aquí no tenía los equipos para trabajar con la enziama. Hacía los experimentos y los enviaba al IVIC para que los procesaran. Entonces había que ir con ese material radiactivo al aeropuerto para enviarlo a Caracas, allá un amigo en el IVIC lo buscaba, lo leía y me enviaba por correo la tirita de papel donde salían los resultados. Los inicios fueron muy difíciles, pero incluso logré publicar en revistas extranjeras. El trabajo que ha sido más citado fue uno reciente sobre el síndrome metabólico, que hicimos con el Instituto de Investigaciones de Enfermedades Cardiovasculares, en el que logramos recoger 4000 personas de todo el estado y ver cómo son las características del síndrome metabólico clasificado por edad y por raza.

Ryder es Doctora en Ciencias Médicas y Ph. Sc. en Bioquímica. Sus estudios iniciales dieron pie a temporadas altamente productivas en el instituto, tanto en proyectos de ciencias primarias como clínicas, las cuales generaron impacto por su calidad y aportes inéditos que, en palabras de Gilberto Vizcaíno, Coordinador Secretario del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de luz (Condes), “han contribuido no sólo con el desarrollo de la región y el país, sino también al incremento de la calidad de vida del venezolano”.

― ¿Cómo llegó al cargo de editora de la revista científica Investigación Clínica?

El doctor Negrette fue el editor de la revista durante mucho tiempo. Despuésél se jubila y queda mi hermana Slavia Ryder como encargada. Tal vez por herencia, cuando mi hermana se jubila y no quiere seguir allí, entro yo…Por el comité editorial ha pasado mucha gente, pero nadie más quiere responsabilizarse. A mí me gusta, aunque es mucho trabajo. Me gusta buscar en la bibliografía, el porqué de los trabajos, quién es el que envía, buscar árbitros en la literatura mundial para ver quiénes son los expertos de esos campos. Yo acepto estar y que nadie más se encargue porque me gusta hacerlo, pero, claro, una entiende que empieza a fallar porque la edad no perdona y estamos tratando de involucrar gente joven ahí… Pasaré unos años más hasta que empiece a decaer o me fastidie o diga “bueno ya no puedo más”.

Con gesto reflexivo y la mirada desviada, caviló un poco y siguió.

Yo nunca me he jubilado porque ninguno de mis mentores se jubiló joven. Yo me gradué de 22 años, y si sumas los 25 de dedicación que exige la universidad, son 47. Entonces ellos, en el extranjero, me decían “¡¿Cómo se va a jubilar una persona a los 47 años, tan joven?!”. A mí me daba vergüenza decir que estaba jubilada y seguí trabajando… y yo los vi que todavía viejitos, arrastrándose, trabajaban. Y fíjese que ahora, como no hay dinero en la universidad para nuevos ingresos, tienen que traer jubilados. Pero a esos jubilados que traen para dar clases les dan bonos, a mí no―ríe enérgicamente―yo no he recibido ningún bono extra de la universidad, pero bueno… yo quiero mi universidad y quiero mi instituto.

―Muchos consideran que la revista científica Investigación Clínica es lo que es gracias a usted. ¿Qué cualidades hacen falta para mantenerla a ese ritmo?

Dedicación. Nosotros nos reunimos todos los jueves, no es necesario convocar a nadie, todo el mundo sabe. Decidimos, como somos de varias áreas, quién analiza y busca los árbitros… También primero miramos si los trabajos cumplen los aspectos básicos, porque en la revista ya no podemos publicar trabajos simplistas, tiene que tener muy buena estadística y una metodología de punta para poder aceptarlos. Corregimos el estilo… Después buscamos los mejores árbitros para estar seguro de que los trabajos que salen realmente han sido revisados bien… Entonces lo que hay que hacer es mantener la dedicación del comité editorial, claro, manejado férreamente por la editora―y carcajea con picardía.

―¿Usted se considera exigente?

―Sí. O sea… me gusta el orden y la puntualidad.

Y eso no le quita el donaire del rostro ni evita que comparta ese fresco sentido del humor que la caracteriza, algunas veces acompañado de juicios sarcásticos. Elena Ryder es la clase de persona que prefiere relatar ambientes, paisajes, juegos, vivencias graciosas que marcaron su vida desde que apenas estaba en formación, antes que reconocer la dimensión de su obra.

― ¿Qué la motivó a estudiar Medicina?

―No sé―responde rotundamente y después se le asoma la risa―. Realmente, nosotras somos producto de una pareja europea que se conoció aquí, a pesar de que son de diferentes países. Mi mamá era de Yugoslavia, hoy Croacia, ama de casa, y mi papá, de Polonia, era mecánico y llevaban una vida muy modesta… No conocíamos a ningún médico. Probablemente a las dos hermanas, que estuvimos juntas todo el tiempo, nos gustaba la ciencia biológica y tal vez la profesora de bachillerato de biología fue la que más nos entusiasmó… y así… porque lo decidimos.

―Y si no hubiese escogido esta carrera y jamás hubiese sido investigadora, ¿qué cree que estuviese haciendo?

―Bueno―suspira―, yo no tengo habilidades ni artísticas y ni musicales ni nada de esas cosas… No sé qué hubiese sido… ¿qué hubiese sido yo?―se pregunta a sí misma y luego voltea y me mira con la juventud en los ojos―Promotora turística, ¡porque me encanta viajar! O quizá algo de geografía… Me gusta mucho conocer países, conocer las culturas… me encanta probar comidas extrañas, ir a sitios y ver su parte folclórica. Es uno de los hobbies que tengo. Una vez al año viajamos al interior, casi siempre a Margarita a un resort que tenemos allá, y después al exterior. Cada año vamos a un sitio diferente, sólo a veces repetimos los sitios que nos gustaron mucho.

La doctora Elena vive en El edén. En su casa, donde me recibió, las paredes que encierran el largo frente que hay que recorrer para entrar a su hogar, no se ven porque están cubiertas por árboles de todo tipo. Dentro, en su antesala, hay otro jardín interno de gran tamaño que recibe luz natural desde el techo. En la base, un pesebre traído de México, la Virgen de Chiquinquirá y José Gregorio Hernández. A un lado, las escaleras que llevan al resto de la residencia.

―Casi siempre he viajado por la ciencia y aprovecho… Praga, Japón, Finlandia, Barcelona… Suiza y Austria que me encantaron, tienen los paisajes más bellos que he visto: las campiñas, lo verde, las flores, las casitas, es algo espectacular. Viena… AEstados Unidos viajo siempre a partes diferentes, pero en años sabáticosestuve en Nueva York, Boston y Denver, y de paseo he estado… bueno…,¿qué me falta? Son muchos sitios.

―Y ¿qué idiomas maneja? Supongo que inglés…

―Estando allá hablaba mejor, por eso trato de ir todos los años para practicar. Todavía dicen que me entienden…

Sigue con los viajes sin que le recuerde.

―Y como le digo… muchas partes… Hay una ciudad que es muy linda, Branson, que la llaman “Las Vegas de la Country Music” por los espectáculos. También me encantó el otoño de Vermont… He ido para ver los espectáculos de Las Vegas; vimos uno que se llama Le Rêve, de agua: ¡una cosa impresionante!, vimos a BarbraStraisand… Me gusta New Orleans, tenemos amigos en Houston, fuimos a las cataratas del Niágara. A Suramérica y Centroamérica también hemos viajado: Machu Picchu, las cataratas de Iguazú; Saint Martin, que es hermoso, Rio de Janeiro, Bahía, que es muy interesante… Pasamos un fin de año en Río que me impresionó porque en toda Copacabana, donde se colocan los santeros, nos agarró la media noche viendo los altares que estaban en la arena y a las doce no habíamos reservado nada, entonces… ¿cómo pasamos el año nuevo ahí en Rio?: Comiendo un perro caliente recostadas a un Volkswagen.

―¿Cuál ha sido el lugar que más le ha fascinado?

―No sé decir si hay un preferido… Lo que le dije:Suiza, Austria, Vermont, Japón, Viena… No me gustó mucho el rio Danubio, me llamo más la atención una vez que entré al Orinoco… cómo el Orinoco sale al océano y se ve la mancha marrón entrando a la azul, eso es más interesante―y seguidamente menciona una lista de casi todas las ciudades principales de Venezuela que ya visitó para, luego, sumergirse en la descripción del jardín botánico de Yaracuy: “Un espectáculo”, repite.

Los perros ladran. Son tres guardianes que le llegan a la cintura, pero que ella reiteradamente llama “animalitos”. Ha pasado un largo rato y ya no escuchó actividad en la cocina. Ryder, delante de mí, casi se hizo niña mientras recorría el globo terráqueo con sus palabras.

― ¿Qué aprendió de sus viajes? Aparte del conocimiento científico.

―Tolerancia a las culturas e, inclusive, a las inclinaciones sexuales. Uno cuando viaja y conoce tantas costumbres se vuelve tolerante… Las razas, las religiones, respetar… Tolerancia ante las familias que no son correctas, divorcio, abortos…

― ¿Por qué se quedó en este país?

―Nunca pensé en emigrar… y un viejo, ¿qué va a hacer por allá?

― ¿Qué le ha dado Venezuela?

―La educación. La posibilidad de trabajar en la universidad… Nosotros fuimos muy humildes… vivimos en Cabimas, en el centro de Maracaibo alquilados y después fue que llegamos aquí, ahorrando. Me ha dado la vida, la sociedad, los amigos. Venezuela me dio todo.

― ¿Qué es para usted investigar?

―Conocer cosas nuevas.

La Dra. Ryder no es tan alta, no es tan baja, no necesita lentes para verme ni aparatos para oírme. Es amable, cándida, gesticula con bondad y bromea, aunque cuando escucha mira con esmerada curiosidad, tal como si estudiara, investigara, intentara a cada momento descubrir algo y archivarlo.

― ¿Qué es para usted su instituto?

―Mi vida. El hecho de estar ahí es como estar en mi casa.

― ¿Se siente más en casa allá que aquí?

―Pasaba más tiempo en el instituto, ahora sólo voy en la mañana. Lo siento por igual, realmente, la casa es un remanso. Nosotros casi no salimos, Antes salíamos más porque a mí me gusta comer en la calle o ir a conciertos, pero ahora me siento con miedo a salir de noche. Nosotros siempre aquí en la casa hacemos el cumpleaños de una y de la otra y un compartir en navidad, nos encanta organizar cosas… pero este año les dije a mis amigos: “Por favor ponen ustedes la bebida, ¡este año sí que no hay!”

―Para usted es muy importante la amistad.

―Yo… yo estoy operada de cáncer de mama bilateral. Y yo sentí tanto el apoyo de los amigos, porque aquí tenemos poca familia… Al lado vive una prima segunda con sus bebitos y esa es toda la familia que tenemos… Entonces los amigos han sido un soportegrande… haberpasadopor eso… no me quiero niacordar ya… Hace 11 años que me operé. Pero fue así, conocer, tocarse uno y saber que tiene algo y decidir a la semana salir de eso, inmediatamente… No fue fácil. Fueron meses muy difíciles.

Temí que de sus tiernos ojos celestes brotaran lágrimas y no pasó. Ella está feliz, su cara brilla y el cabello corto se le confunde con los rayos del sol que entran por el ventanal. La tengo a contraluz. Elena sabe que si alguna vez deja de trabajar, tendrá sus series de televisión, las comedias, a sus sobrinos, el internet. A Elena le gusta Ender Arenas y The Big BangTheory. Disfruta la langosta y lo que prepara Sumito Estévez. Elena detesta hacer colas en los supermercados, le exaspera lo mal hecho.

― ¿Cuál es la clave del éxito?

―Primero que uno se dedique a algo que le guste, la experticia y la dedicación que uno le dé. Ahora, yo no sé si me considere exitosa. O sea, me siento satisfecha con mi labor y con lo que he hecho, pero no sé si eso es “éxito”. ¿Es éxito?

―Supongo que sentirse satisfecho y estar feliz, es una forma de llegar al éxito…

―Entonces sí soy, soy exitosa―afirma alegre.

― ¿Cuál ha sido su mayor logro?

―Haber enseñado a mucha gente, haber tenido en mi laboratorio a muchísimas personas que les pude haber enseñado loque eshacerinvestigación. Lamentablemente se me han ido todos y en este momento el laboratorioestá casi vacío y eso me entristece. Son muchas las circunstancias, la gente busca mayor facilidad de vida en otras partes es o no sési se cansan de lo estricto de la investigación… No ha habido mucha gente nueva que quiera entrar, pero a mí loque me gustaba era haber tenido un laboratorio con mucha gente y haberlos formado. Esa ha sido mi mayor satisfacción profesional. Yo me sentía con ellos como una madre muy satisfecha con los hijos.

― ¿Alguna vez se le frustró un sueño?, algo que nunca pudo lograr…

―Quizá casarme. Si tuve muchos novios, pero no sé por qué ninguno se dio. Después con el correr de la vida yo dije: “Bueno,quizá fue mejor no casarme”, porque la expansión profesional de uno, el poder viajar, el poder hacer todas las cosas que he hecho, a lo mejor no se hubiera dado. Por supuesto que me hubiera gustado, porque tuve una familia bonita y casi todos los que me rodeaban eran personas casadas, pero no me siento frustrada por ser soltera.

―¿Qué tipo de reconocimiento le gustaría que le dieran?, además de todas las placas que ya tiene.

―A mí me hubiera gustado que me apoyaran más en el trabajo. Yo me siento mal cuando la gente no me apoya en la revistanien el trabajode investigación. A veces digo: “¿Para qué me dan esa placa? Lo que les costó, ¿por qué no me lo dan para comprar reactivos?” Yo me sentí feliz ayer recibiendo esa placa [en la entrega de la orden Jesús Enrique Lossada por los 54 años de la revista], que era tan grande que no la podía agarrar, y cuando me la va a entregar me dice el Rector: “Por favor, coloque la placa en un sitio adecuado” y yo me quede mirándole y le iba a decir: “Si me pone aire acondicionado en la biblioteca que es donde debería estar y no tiene”, pero me aguanté y no le dije nada. Me hubieran dado una placa chiquita y me arreglan el aire y hubiese quedado más contenta―comenta entre carcajeos.

― ¿Existe una Elena Ryder sin investigación?

―No existe.

Supongo que es tarde y la doctora lo corrobora reclamando que le he robado su mañana para ir al mercado. Me sirve un té antes de irme y aprovecha para detallar otro chiste: “El Dr. Negrette se tomaba el refresco sin hielo y el café le gustaba bien frío”

1 El Dr. Daniel Lane es un destacado investigador en el área de la Biología Química. Está adscrito al Johns Hopkins University School of Medicine, Baltimore.

 


Editora: Profa. Loly Añez

Redacción: Vanessa Chacín.

 

 

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